Centro de Meditación en Almeria

El Angulo de enfoque

Desde el angulo en que se miran las cosas…

Camino sobre ruedas desde hace 9 años, mis manos están deformadas y a simple vista, nadie diría lo que aunque puedo hacer con ellas.

La causa es una artritis reumatoide seropositiva en primer grado, que arrancó en el año 1970 a raíz del primer parto, y me acompaña a lo largo de 45 años de los 70 de vida que disfruto.

Tengo una gran discapacidad que requiere asistencia para todo, comenzando en el aseo personal, pasando por vestir, peinar, pintarme el ojo, cocinar, y rascarme la cabeza. Uso cuchara para la comida si no deseo que se me desparrame todo encima. No puedo entrar casi a ningún lugar a causa de las barreras arquitectónicas, y mi vida ha perdido la privacidad.

Antes pintaba cuadros, porque soy creativa. Ahora trabajo con el ordenador y mantengo la creatividad, porque es vida para mí.
Antes tenía un tipazo y era guapa, me movía con soltura y gracia, ahora mi cuerpo se ha deformado por la inmovilidad, y reconozco a los corticoides como grandes colaboradores del deterioro. El resultado final es algo así como “un saco de patatas con buena cara”. Me muevo en silla moto eléctrica, y cualquier ropa que ponga no me ayuda mucho a verme mejor.

Sin embargo, mi vida es muy rica y activa y creo que la enfermedad ha sido la gran motivadora de todo ello. Disfruto del cariño de personas que me quieren, y eso me beneficia. He desarrollado capacidad en mi que antes eran desconocidas.  He cambiado lo bueno de mi pasado, por cosas aún mejores en el presente; a fin de cuentas, todo es cuestión del ángulo de visión de las cosas.

amparolamaPresido una asociación discapacitados, a la que le dedico todo mi tiempo útil y me satisface.

A diario recibo lecciones de vida con este servicio, y me hace comprender que la belleza del ser humano se manifiesta desde interior, y que el exterior, es como la carrocería del coche; por más decoración que tenga, si el motor está mal, nada funciona. Después de todo el recorrido efectuado en mi vida, me siento muy agradecida por esta oportunidad.

Claro que tengo dolores, y claro que recuerdo el cuerpo que tenía, y por supuesto, no olvido que todo era más fácil con dos piernas, pero eso no es tan importante porque antes sufría con mi vida, y ahora me siento bien conmigo misma.

La diferencia está en que al parecer, la enfermedad me ha enseñado a desarrollar, algo que otros buscan desesperadamente: La valoración de uno mismo como ser humano, y no pretendo con esto, dar lecciones magistrales a nadie, porque al final, cada uno resuelve los problemas a su manera, y la decisión tomada, al margen del resultado, siempre es una fuente de aprendizaje y crecimiento .

El común denominador para todo ser humano que sufre, es el punto de enfoque.

Necesitamos cambiar el chip mental sufrimiento, por el de estabilidad. Nos merecemos encontrar otro ángulo de visión de nuestra vida, que nos abra al amor incondicional, empezando por nosotros mismos.

La llave maestra
Un día, me encontré con Rimpoche en el primer congreso de medicina tibetana en Madrid. Una compañera de la escuela de astrología, que quería conocer a un lama sanador del Tibet, me invitó a acompañarla, y no supe decir no; afortunadamente, claro.

El auditorio, estaba abarrotado de gente, y yo era una ignorante total del Tibet, del Budismo, y de Lama Garimpocheyongchen.
Lo primero que escuché fue el mantra de Sakyamuni, y sentí un calor interior con una sensación de amor, desde el plexo solar, cada vez más fuerte, que me invadía y me dificultaba la respiración, por miedo a perder la vivencia de aquellos instantes. Muchos años después he sabido que así es la activación del Tumo.

Habló Rimpoche a la asamblea y yo sentí que me hablaba a mí, que me miraba a mí, y me dijo las palabras mágicas: No habrá paz en el mundo mientras no tengamos paz en nosotros mismos. Dijo que no hemos nacido para sufrir, sino para liberarnos del sufrimiento y ser felices. Y de repente, se encendió la bombilla interna y fue la clave de mi vida.

Han pasado 25 años desde entonces, Rimpoche es mi maestro y yo aún sigo en busca de la paz interior, pero unos cuantos tramos más adelante.

A su lado he aprendido a conocer mis limitaciones, y a vivir con ellas, y me ha gustado. He entendido mis propios errores, y he superado mis carencias; bajo su refugio, he vivido la muerte y hasta me ha parecido hermosa. He descubierto que el truco no es luchar contra la enfermedad, sino convivir con ella pacíficamente. Me he encontrado con la soledad y me resultó gratificante, porque ya no necesito ser como yo creo que los demás son, ni como yo creo que ellos esperan de mí, sino que soy yo conmigo misma, y eso es el orden de mi Universo.
Rimpoche me mostró el otro ángulo de la vida, me regalo la llave maestra, y  le bendigo mil veces por ello. Ojala vida tras vida me reencuentre con el maestro, hasta que alcance la iluminación.
Amelia Lamaignere Badias

2 thoughts on “El Angulo de enfoque”

  1. En este mundo trepidante donde apenas tenemos tiempo de asimilar las experiencias propias diarias, donde todo está en la red y con solo tocar unas teclas la información más variada y completa se nos abre de forma milagrosa, como surgida del mero contacto entre la tecla y el dedo; es difícil reconocer el esfuerzo tan grande que requiere cada imagen y cada pequeño o gran texto colgado en la red. Vaya mi reconocimiento y agradecimiento a la persona que ha hecho revivir este blog olvidado, Amelia discapacitada pero MUY CAPAZ, inteligente y activa que ha sabido como usar y transformar esta vida en algo útil y de beneficio para todos los seres. Que con el milagro de su dedo difunde el trabajo de tantas otras personas que hacen posible un Centro de Dharma en esta era degenerada del Kaliyuga.
    Un momento de silencio del dedo para recordar a nuestros amigos invisibles de la red que envían imágenes, textos e información positiva, a este mundo virtual.

    1. Tus palabras dan sentido a mi trabajo, y esto se relaciona con lo que has comentado esta mañana : el trabajo con entusiasmo y mente limpia puede tener tantos méritos como una plegaria… Para mi es un placer aportar mi grano de arena a la obra de paz mundial del maestro. La enfermedad me ha “sentado” y casi nunca puedo llegar a sitios y recibir las enseñanzas, pero desde aquí participo con todos vosotros y lo disfruto..y precisamente, sois vosotros los que me dais esta oportunidad. Gracias

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